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viernes, 30 de septiembre de 2022

RUMBO AL FINAL

 


RUMBO AL FINAL


El espejo solo refleja, experiencia a destiempo; estoy condenado.

Llega la noche, ya mi desnudo perdió la gracia; no soy deseado.

Ahora es costumbre, otra vez me acuesto solo, como olvidado. 

Hablar a solas debe ser en privado; puedo causar espanto.


El final, tarde o temprano, me sorprenderá.

Mejor me adelantaré dando perdones y recibiendo de mis amados;

Con ello, viene lo propio: recibiré y daré las gracias a los apreciados.

¿Me perdonas? ¡Te perdono! ¡Te amo! ¡Me amo! ¡Me perdono!

¡Mil gracias! ¡Gracias! ¡Los amo! ¡Te amamos! ¡Me agradezco!


El alistamiento espiritual ha empezado… la presencia del dolor asciende.

El cuerpo empieza a otorgar señales de debilidad, como el nacimiento.

Los órganos nobles ya no filtran bien, tampoco todos los recuerdos.

El bombón también caduca cual derivado de la tierra; soy naturaleza.  


Y, se va el galán de calcio, siendo preso y botín de su depredador pasado...


Franz Alberto Merino D´Ávila

Escritor y poeta 


La Tierra, treinta de septiembre de 2022


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viernes, 5 de febrero de 2016

SONRISA INOLVIDABLE, LA ÚLTIMA.


Hasta que muera comandarás el mejor recuerdo de sangre de mi vida.
Sólo tu niñez y pubertad fue la más hermosa compañía que tu vida me brindó.
Tú fuiste la más bella causa para interrumpir mi dormitar, era el momento de levantarse;
Dirigirme a verte dormir, a vigilarte, a cobijarte, a servirte, a cuidarte, a contemplarte;
Te decía en silencio palabras hermosas, admiraba tu belleza, luego agradecía tu existir;
Muchas veces me sorprendías con hermosas sonrisas que  provocaban tus angelicales sueños.

Cómo lamento ahora el no tenerte, el no abrazarte, la vida así lo sentenció.
Así es la vida, las cosas suceden sin explicación; tu vida debe continuar como la mía;
Tal vez llegue el momento cuando  me convierta, otra vez, en niño si mi vida se alarga,
Que  tú seas la escogida para vigilar mi sueño y converjan así nuestras vidas y corazones;
 A cambio, yo siempre pero siempre te regalaré mi mejor sonrisa, mi sonrisa de orgullo,
MI sonrisa inolvidable, tu favorita, la última; la que siempre vivirá en tus mejores recuerdos…

Franz Merino


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jueves, 4 de febrero de 2016

UN BRINDIS PARA USTEDES



UN BRINDIS PARA USTEDES
El segundo año, otro año más que no escucho de vuestra boca desearme mi feliz cumpleaños, solo se repiten sus últimos buenos deseos en mi memoria con su cariñosa sonrisa, siempre deseándome lo mejor y recordándome cuánto me quería, me querían.
Cómo la extraño mi digna madre, solo me consuela el saber que está junto a mi amado padre,  su honorable esposo, a sus propios padres, a sus hermanos y sobretodo con sus abuelitos que tanto usted quiso y me la mimaron.
Estas flores obsequiadas son para ustedes mis añorados y consentidos, porque yo no me las merezco.
¡Que les llegue este brindis cósmico a nombre del cumpleañero!
https://youtu.be/sRdKOc9WQ64

miércoles, 19 de marzo de 2014

ABRIGO DE LO AMADO.


ABRIGO DE LO AMADO.

Si de alguna manera el pensar en mí te ayuda a percibir calor, que así sea en esta mañana fría.... El frío nos hace valorar el calor y sobre todo el abrigo de lo amado.

Franz Merino

martes, 12 de noviembre de 2013

INMENSA SOLEDAD









INMENSA SOLEDAD

Estoy en la terraza del edificio de mi madre.
Un tercer piso donde siento mucho frío lojano, el cielo está despejado.
Acabó de llover, de llorar el cielo como yo tantas veces lo hice por la tristeza.
El amarillo suave de la casa es el más abundante,
pero el verde, el  color preferido de mi madre es el que resalta;
mi padre accedió a pintarlo por consentir a mi madre, por el amor que le tuvo,
por ser ella su gran amor… su primera novia y la última que tuvo.

Me siento inmensamente solo, tengo mis razones, espero el mañana venga pronto.
Sea un amanecer donde vea de nuevo a mi madre y se repita la rutina de cuidarla…
Aunque, a veces, deseo  que ya no despierte y descanse en paz, que pase al más allá.
Deje de sufrir la pérdida de su compañero, mi finado papacito, y sus dolores físicos.
Siento  que estas sombras lunares, esta soledad y  el silencio de esta noche,
me preparan a mí y no a ella para recibir junto con mi familia su total ausencia.
Veré la muerte… Eso será el premio por cuidar de ella… Con eso se acabará, todo.

El plan de mañana será casi igual al de ayer y al de hoy.
Después de su desayuno le daré la tableta para su presión, una vitamina,
una pastilla para controlar su edema en las piernas… en la noche la del corazón.
Limpiaré el sanitario de su cuarto… jamás dura más de un día limpio.
Asearé con un trapo mojado sus piernas untadas con sus sobras diarreicas…
Con otro trapo le secaré, luego ambos los lavaré a mano en la lavandería de la terraza.
El cloro para desinfección  y el desodorante ambiental  no pueden faltar.

Volveré a pedirle que por favor se bañe…  aunque no me hace caso.
Siempre me dice lo mismo: mañana lo haré, hoy tengo mucho frío, mijito…
Otra vez, colocaré una silla de madera color verde dentro de su cabina de baño.
Le explicaré que yo la bañaré y que no se avergüence  al verse desnuda frente a mí;
que me deje devolverle su materno amor con mi filial gratitud, para eso su hijo soy.
Intentaré brindarle la máxima confianza, recalcaré que el aseo es indispensable.
Antes ella me aseaba cuando era niño, ahora yo deberé hacerlo con ella en su vejez.

Por un lado deseo se mantenga con vida y otras deseo ya su retirada por el umbral.
Es como las medicinas, por un lado le hacen bien y por el otro lastiman y hacen mal.
Los médicos con quienes rutinariamente la llevo, le advierten de su desgaste irreversible.
Le piden: deje de abusar del pan, del chocolate, del café, de sus variadas golosinas;
ejercite sus brazos,  camine lo más que pueda, es por  el bien de su corazón, manifiestan.
Cómo sería  la vida de mi madre sin mí… Qué destino desolado y angustioso le esperaría…
Cómo sería mi vida sin ella…Qué destino me esperará…Qué cosas… Qué enigmas…

Franz Merino

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jueves, 5 de septiembre de 2013

ROBARON LOS RECUERDOS DE MI MADRE.





Fue difícil acepte mi madre una empleada doméstica para nuestra ayuda.
Dijo tener  tres hijos, el mayor albañil  y dos menores de edad.
Me enteró que su anterior añosa jefa viajó a  vivir  con un hijo casado en la Capital.
Acá, solo se dedicaba a servirla hasta que llegue del trabajo su hija soltera.
La senil iba a ser mejor cuidada en Quito y prescindió de sus atenciones, manifestó.

Era separada de su marido, no tenía como alimentar a sus dos hijos escolares.
Reflejaba  estar desamparada la cuarentona, sus ojos pedían a gritos trabajo.
El hambre  de la abandonada y la necesidad  por quien me auxilie se encontraron. 
Pensé que Dios se había apiadado de esta casa y ahora tendría más tiempo para mí trabajo.
Tácitamente la contraté: atender a mi madre en su totalidad, pero hasta las 3 pm, condicionó.
Ahora, tres personas conformaban nuestro hogar: mi madre, la cuidadora y yo.

Mi madrecita  al inicio fue muy cauta, como toda dueña de casa frente a una extraña.
Las tareas básicas eran: hacernos el desayuno,  el almuerzo y dejar preparada la merienda.
También le solicité acompañarla a donde ella deseé, me interesaba que caminen juntas.
Con respecto al médico y las medicinas, de eso me encargaría yo mientras esté a su lado.
Para cumplir con lo pactado dejaba anotaciones y horarios para el diario en mi ausencia.
Esa primera semana en verdad me sentí relajado, confié en ella, tomé control de mi vida.

Pasaron dos meses, relativamente  relajados, su angustia existencial aminoraba.
Digo relativo,  pues noté que mi madre adquirió un comportamiento extraño con sus cosas.
Empezó a sacar sus recuerdos y a mostrárselas a la cuidadora con su historia y con orgullo.
Las cajas de sus memorias, de sus alhajas, las cambiaba de lugar todos los días en su clóset.
El dinero, a veces, desaparecía y cuando preguntaba a la cuidadora, contestaba no saber nada.
Mi madre siempre fue solidaria y regalona, fue socia de una fundación humanitaria.
Asumí que la ayudaba, adicionalmente, a la señora,  pues diariamente  comida le regalaba.

No dudaba de ella, aunque en cierta ocasión, entrando de sorpresa,  avisté  que  ella fisgaba
en el preciso momento que mi madrecita  guardaba sus bellos recuerdos en  su clóset.
Me dejó un  sabor negativo,  pero rápidamente comprendí que más bien la vigilaba,
capaz que por sus continuas fallas de memoria no recordara donde las depositó y ella avisar.
La desconfianza hacia ella no la tenía, asumí que prefería trabajar por sus hijos y no más.

Al fin estaba tranquilo, confiando en la cuidadora, tendría más tempo para mí.
Viajé por asuntos personales y laborales  a Guayaquil...  vaticiné  me iría bien.
Pensé que ahora sí podría recuperar  a mi  propia familia dejada por cuidarla a ella.
Allá, no logré comunicarme ni con mi hija ni con su madre con quien luchamos por concebirla.
Asumo que habían acordado apartarme de sus vidas en represalia  por mi decisión anterior.
Decidieron dejarme permanentemente; yo  solo, enfrentaré  la batalla de vida con mi madre.

A mi regreso, la señora cuidadora ya se había ganado la total confianza de mi progenitora.
También, se había robado todas las joyas de valor económico y sentimental de mi madre.
Los anillos por el  aniversario de bodas de oro, regalo de sus cuatro hijos,  es su mayor dolor.
Busqué y rebusqué, prácticamente revisé toda la casa y hasta en los recovecos,
para no hacer una acusación injusta o culpar a una  sospechosa inocente; no las hallé.
Frente a tan lamentables pérdidas, mi madre me pidió la despida, acción que la tomé.
Yo, le ofrecí cuando pueda,  comprarle o reponerle todo lo perdido a mi angelical madre.

La mala acción de la cuidadora, quien no supo defenderse cual inocente, me desmoronó.
Por una parte la tragedia sentimental de mi madre y por otra me quedaba sin su ayuda.
Lo único que le pidió mi madre es la devolución de su tesoro o que se vaya para siempre.
A petición de mi madre, no la acusé legalmente por el robo de sus pocas joyas.
Al no poseer pruebas contundentes y  flagrantes, con seguridad, el juez la exculparía.
Mi madre decidió que no entre nadie más a la casa para sus cuidados, que se valía sola.
Ahora me encontraba en la misma situación inicial: ser el cuidador oficial de mi madre.

Recordé las lecciones respecto a la confianza  y a la propiedad enseñadas por mis padres:
No confiar, ciegamente, en las personas extrañas ni cercanas: cuidado la oveja sea un lobo.
Jamás me dejaban solo, ni con familiares, ni con amigos, peor con extraños.
Cuida de tus cosas apreciadas, si las prestas, me decían: te quedarás sin ellas.
Nadie cuidará mejor de tus cosas, solo su propietario por el esfuerzo que le tomó adquirirlas.
Administra bien tus bienes,  en poder y en manos de los extraños se dañan o te las roban.
Y, cuando perdía algo o me robaban, me calmaban diciéndome: ¡pronto, te lo repongo!


Franz Merino