CUANDO HABLES, DECLAMARÁS COMO MI HÉROE
Yo contaba de uno a diez con dicción; su alma inmortal se iba a esconder, pues con su manera de hablar antes me lo pidió. Sus manos sobre sus ojos dibujaban las estrofas luminosas de la infancia, donde su diáfana alegría es la corona de mi pena temporal y la gloria de su angelical silencio.
—¿¡Estará aquí!?
A su cuerpo acurrucado escuchaba respirar... El juego debe alargarse; eso lo hace feliz.
—¿¡Estará por acá!? ¡¿Tampoco está?! ¿¡Dónde se escondería, mi tesoro!?
Entre la rendija de las bisagras de su juego lo divisaba e, intencional, le estiraba su emoción de suspenso…
—¡Te estoy oliendo! —aspirando su aroma con juguetona sonoridad.
—¡¡¡Te encontré!!! —Estallaba su dopamina en su angelical rostro.
—Yo te amo, mi nieto. Yo amo a tu ser. Eres mi mejor poesía infantil.
Lo abrazaba y, escurridizo como el agua, volaba a esconderse otra vez... Su sonrisa de cinco años jamás la pudo esconder de mí, nunca; está fraguada en mi memoria, blindada.
Algún día recitará, recitándose.
Ahora sus palabras vuelan libres como la química cósmica; pero un día sus neurotransmisores conectarán mensajes en su cabecita y, cual mi tierno héroe, los declamará; los liberará con impactante y coherente plenitud.
Ese día mi alma se esconderá tras su brillo; me deleitarán mis dopaminérgicas lágrimas y recordaré sus caprichosas "dopaminitas", gotitas derramadas cuando no había complacencia.
Este último deseo ya no solo es mío: la sana niñez lo suplica, sus padres lo rezan, todo el mundo lo corea; la Dualidad Sagrada lo concederá con divina oxitocina. Aunque el costo sea sus pequeñitas alas titanizadas, las esconderá para mostrar sus brazos de un titán orador.
¡Ya lo verán, neurodivergentes!
Sus palabras patinarán por su boca como los patines sobre el hielo de un olímpico campeón.
¡Lo descubrirán!
¡Encandilará su potencia!
Franz Alberto Merino Dávila
Escritor y poeta ecuatoriano




